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Cualquier persona es un seducido en potencia, por Álvaro B. La Grecca

“No todos los líderes son seductores ni todos los seductores son líderes. Para ser líder y seductor es imprescindible haber recibido un premio de los dioses: carisma“, afirma Alejandra Vallejo-Nágera en Psicología de la seducción[1], un compendio de consideraciones y de muy bien fundamentados análisis que conviene tomar en cuenta para entender mejor qué hay detrás de esas personalidades extraordinarias que despiertan fascinación en las multitudes, al punto de convertirlas en seguidoras incondicionales de sus ideales, a veces incluso con la fe de una religión.

El trabajo que la autora muestra en “Psicología de la seducción” se centra en escudriñar las razones que pueden explicar por qué hay personas que logran encantar a los demás, cuál es el comportamiento de esos individuos (y también de quienes ella llama los seducidos), cuáles son sus rasgos más resaltantes, cuáles los elementos que tienen en común, y también en qué se diferencian.

Vallejo-Nágera identifica nueve arquetipos de seducción: afrodita, el vividor, los rescatadores, los artistas, los cautivadores, los intelectuales, los encantadores, los líderes y los divos, y sostiene que todos ellos “…actúan según cinco parámetros sin los cuales la auténtica fascinación sería imposible: provocación, misterio, elegancia, control emocional y castigo.” Esos arquetipos del seductor echan mano de distintos esquemas de comunicación específicos, que consideran “un mensaje distinto la hora de ofrecerse, atraer y atrapar.”

Vallejo-Nágera argumenta que fue Napoleón quien descubrió que “la batería de técnicas seductoras es válida también a gran escala; la oratoria se convierte en herramienta para atrapar las ideas y sensibilidades de las masas.” “El atractivo físico deja paso al magnetismo intelectual; el seductor encandila a gente de todo sexo y condición, cualquier persona es un seducido en potencia. Así nace el tipo carismático, el líder al que se le atribuyen virtudes de guía y se le entrega el poder. Un ser al que se le sigue por convicción y no por obligación.”

 

Psicología de la seducción hace un fascinante recorrido por las características de cada uno de estos arquetipos del seductor. Respecto del arquetipo del líder, la autora sostiene que el carisma es una poderosa fuerza que “azuza sociedades, convulsiona colectivos, capitanea entusiasmos y apasiona a los grupos hasta llevarlos a pertrechar los sacrificios necesarios para el logro del bien común.”

Pero no todo depende del carisma del líder, puesto que, como en el tango, se necesitan dos. Es por ello que la autora de Psicología de la seducción sostiene que: “La seducción carismática se sustenta en dos manantiales: la convicción profunda del protagonista y la maleabilidad o debilidad de los discípulos.” Hay grupos humanos que son evidentemente mucho más maleables que otros. En ese sentido, baste recordar el aporte de Abraham Maslow al estudio de la motivación humana, que él presenta como una pirámide compuesta por capas jerárquicas de necesidades, desde las más básicas hasta las más elevadas.

Vallejo-Nágera mantiene que lo que lleva a las personas a seguir a su líder y “someterse a su doctrina” es una proyección de las que son sus propias esperanzas, en la convicción de que sólo así esas esperanzas podrán materializarse. El mensaje del líder carismático llega más profundamente a sus seguidores porque, aunque ese mensaje transmite ideales, estremece mucho más a sus emociones.

Para ella, los líderes carismáticos siempre prometen un futuro mejor. Con la envidiable ventaja para ellos que ese futuro mejor “no es comprobable en el tiempo presente”.

[1] Psicología de la seducción. Alejandra Vallejo-Nágera. Espasa Calpe S.A. 2008.

Álvaro Benavides La Grecca.

 

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