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Una ruta estratégica para la comunicación

La comunicación es un complejo proceso que no es manejado con destreza profesional suficiente por muchos de quienes tienen posiciones de liderazgo en el campo de la vida económica, social y política de las sociedades.

Para explicarnos mejor esa realidad, conviene recordar que nuestra primera aproximación a la comunicación estuvo fuertemente marcada por las emociones que estaban presentes en cada acto de comunicación. Desde muy pronto supimos que una mueca, una sonrisa, o el llanto (una de las primeras experiencias en el campo de nuestras relaciones) despertaban atención y, entre otras cosas cruciales, nos proveían de alimento y cobijo.

Esos primeros aprendizajes dejaron huella en nuestra conducta comunicativa, la cual muchas veces opera fuertemente influenciada por las emociones y por las posiciones que asumimos frente a diversos asuntos de nuestras vidas.

Sabemos que las emociones siempre van a estar allí. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que la comunicación es un poder en el que intervienen no sólo las emociones. Hay que saber administrar ese poder, porque para transar todo lo que transamos en las incontables y muy diferentes interacciones que sostenemos con los demás, hay que saber qué es lo que queremos comunicar, es cierto, pero también es indispensable saber cómo comunicarlo, y que hagamos un análisis detallado de todos los elementos que intervienen en el proceso.

Debido a que casi siempre hay mucho en juego, y que siempre hay otra parte involucrada, conviene abordar la comunicación desde una perspectiva estratégica, gracias a la cual podremos matizar las respuestas emocionales que tienden a surgir y que en ocasiones enturbian la claridad de la comunicación.

Desde este punto de vista, es beneficioso plantearse una ruta estratégica, la cual nos facilitará el logro de nuestros objetivos. Quizá lo primero que hay que saber es que vamos a seleccionar esa ruta sin que sepamos si el otro ha seleccionado o no su propia ruta estratégica, y si lo ha hecho, no sabemos cuál será.

Debemos tener conciencia de que la otra parte involucrada está fuertemente influenciada por el ámbito social en el que vive, ámbito social que, por cierto, no siempre es común para los dos.

Sabemos, por supuesto, cuál es el objetivo que queremos alcanzar en cada episodio de comunicación. Probablemente por eso a veces no tomamos muy en cuenta que el otro también tiene un propósito que no conocemos, cosa que complica aún más las cosas.

Para lograr nuestros objetivos generalmente existen varios caminos. Es necesario que, de manera estratégica, seleccionemos el que más nos conviene en cada caso.

Finalmente, una vez seleccionado ese camino estratégico, hay que desplegar un plan de acción para hacerlo realidad. Ese plan exige controlar las acciones involucradas, y medir de manera sistemática y frecuente sus resultados para poder aplicar los correctivos que sea menester utilizar, según sea la circunstancia.  

En la actualidad, existen distintas herramientas y métodos de comunicación que facilitan la interacción entre personas y la transmisión de información. Si  quieres ser competitivo en este mundo globalizado, es importante darle el peso específico que se requiere a la comunicación.

Álvaro Benavides La Grecca.

 

 

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