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El líder sueña y despierta

Ningún esfuerzo de liderazgo resulta trascendente hasta que no se compruebe que en efecto aquella promesa que al principio del camino motivó a tantos, se hace realidad. Y que esa realidad nueva, implica un cambio, una transformación en donde queda claro que se logró algo mejor que antes.

Esto quiere decir que en el análisis del ejercicio del liderazgo, debe incluirse un aspecto fundamental, para definir con mayor claridad cuándo estamos frente a un liderazgo eficiente y cuándo no. Es lo que podría llamarse la “legitimación de la realidad”: en qué medida la realidad representa hoy aquello que el líder dijo ayer que iba a suceder?  ¿Podemos decir ahora que estamos en una posición que al compararla con la de antes resulta mejor?

Es lo que el enfoque de Liderazgo Adaptativo desarrollado en la Universidad de Harvard, de la mano de Ronald Heifetz,  ha denominado “un nuevo posicionamiento“, al cual debe lograrse luego de atravesar una fase de trabajo o desequilibrio en el grupo o sistema.

Todo ejercicio de liderazgo comienza con una visión. Por lo general es el líder quien con la mirada en el futuro, identifica el advenimiento de una nueva realidad en respuesta a los cambios que percibe en su entorno. En este punto del camino, esa nueva realidad probablemente no sea más que un “sueño”. Pero ya se sabe lo peligroso que puede resultar un sueño en manos de una persona con entusiasmo y vocación. Es todo lo que se necesita al principio para cambiar las cosas. Esa es la semilla más importante que está llamada a promover en el futuro una nueva realidad.

En función de lo anterior, una de las primeras recomendaciones en todo manual de liderazgo: comience con la meta muy clara, es decir, comience por tener muy claro el final. Esto no sería más que un buen deseo si no se siguieran otras recomendaciones para lograrlo, ya que en el ínterin, el trabajo del líder a menudo se enfrenta a un sinnúmero de obstáculos. Pero el primer paso ya está dado si se tiene una clara visión de a dónde se quiere llegar.

En tanto que el líder necesita de otros para realizar los cambios que propone, resulta indispensable que se ponga un especial énfasis sobre la dirección del trabajo. No basta con soñar, es necesario que el líder personifique la dirección, que se definan y compartan mecanismos que permitan señalar claramente —para todos— cuál es la meta que se persigue, pero por sobre todas las cosas, mantener el foco en los temas y las actividades necesarias para lograrlo, lo cual resulta una actividad compleja, y a menudo desgastante.

No faltarán quienes puedan soñar y visualizar una nueva realidad, y eso puede ser maravilloso. Pero el trabajo del líder es que ese trabajo, —el de lograr la nueva realidad— se haga, y para ello debe contar con otros. Nos referimos al reto de mantener el foco y la energía de trabajo durante un proceso de cambio, aun cuando el líder no tenga más que una promesa para ofrecer. Nada más, nada menos… que un sueño. A la vuelta de la esquina está la realidad irreverente para someter el liderazgo a su prueba de fuego. Hay que soñar… y despertarse.

Alberto Suárez Ledo.

 

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